Espada Enrique V de Inglaterra

Enrique V de Inglaterra nació en el castillo de Monmouth el 16 de septiembre de 1387. Era el segundo hijo de Enrique IV y de María de Bohun y, por tanto, príncipe de Gales y heredero del trono inglés. Desde el comienzo de su reinado fue su objetivo principal reivindicar para Inglaterra las posesiones francesas que él consideraba como suyas: los ducados de Aquitania, Guyena, Gascuña y Normandía, lo que en aquella época significaba, más o menos, un tercio del reino de Francia.

Los ingleses perderían Aquitania bajo el reinado de Juan Sin Tierra (1199-1216), hermano de Ricardo Corazón de León y luego perderán los otros ducados bajo el reinado de Eduardo III, en plena guerra de los Cien Años. Enrique V decide retomar la lucha por recuperar dichos estados, y lo conseguirá, con una suerte inimaginable: los ataques de locura que padecía el rey Carlos VI de Francia y la guerra civil en dicho país entre los duques de Borgoña (Juan Sin Miedo) y de Orleans, convirtieron a ese momento en ideal para que Enrique decidiera atacar.

Enrique hizo formar una gran flota, modernizó el sistema de reclutamiento y agregó nuevas armas y piezas de artillería para su gran ejército: cruzó el canal de la Mancha y en septiembre de 1415 puso sitio a la estratégica ciudad de Harfleur, situada en el estuario del Sena. Pese a haberla tomado, el sitio había causado tantas bajas a los ingleses que Enrique decide retirarse hasta Calais para regresar a Inglaterra. En el camino, él y su ejército fueron alcanzados por los franceses en Agincourt, donde consiguió una resonante victoria a pesar de haber sido superado numéricamente.

Esta fue la victoria final de Enrique: en Agincourt (25 de octubre) capturó a importantes nobles franceses, entre ellos al mismísimo duque de Orleans, primo del rey, que no será liberado de su cautiverio en Inglaterra hasta 1440. Asimismo, recuperó tres cuartas partes de los territorios que en su teoría le correspondían. Pero, como hábil estadista que era, Enrique V decide unirse a la dinastía real de los Valois por matrimonio, solicitando la mano de la joven princesa Catalina de Valois, la menor de las seis hijas del rey Carlos VI y la reina Isabel de Baviera. A la par que gestionaba su matrimonio, presionó al soberano francés a reconocerle su victoria y nombrarle legítimo heredero del trono de Francia.

De este modo, se llega a firmar el Tratado de Troyes de 1420, mediante el cual Carlos VI reconoció a Enrique V como su único heredero tras su matrimonio con Catalina, celebrado en la catedral de la misma ciudad de Troyes el 2 de junio de ese año. En el tratado se estipuló que los descendientes de Enrique V y Catalina serían los sucesores del rey Carlos VI a su muerte. Asimismo, en el Tratado se desheredaba a su hijo el delfín Carlos, al cual su propia madre Isabel acusó de ser bastardo. La firma de este convenio, que equivalía al fenecimiento de la corona francesa, produjo una gran oleada de patriotismo: muchos de los grandes nobles franceses —como los duques de Bretaña, Alençon, Berry, y otros— rechazaron el tratado y sostuvieron la legitimidad de los derechos del delfín como heredero.

A finales de 1420 Enrique decide regresar a Inglaterra, llevándose con él a su esposa Catalina. De su matrimonio nacerá un único hijo: el futuro Enrique VI ( castillo de Windsor, 6 de diciembre de 1421- asesinado, Torre de Londres, 1471), sucesor de su padre en los tronos de Inglaterra y Francia. Como la situación en Francia era convulsa e insegura, Enrique V decide regresar al país galo a principios de 1422, dejando a su esposa e hijo en Inglaterra. No volvería a verlos nunca más. Enfermo de disentería, decide hacer unos últimos esfuerzos por preservar los logros derivados de sus victorias francesas. Ya tan débil que solo podía ser llevado en litera, muere en el Castillo de Vincennes, el 31 de agosto de 1422, dieciséis días antes de cumplir los 35 años de edad. Su cuerpo fue trasladado a Inglaterra y está enterrado en la abadía de Westminster.

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