Espadas Íberas

El guerrero íbero se lanzaba al combate sin miedo alguno y resistía peleando sin retirarse aún con la batalla perdida, lo que denotaba el valor y el desprecio a la muerte en la batalla. Estas virtudes las aprovecharon algunos emperadores romanos, que se rodeaban de íberos porque sabían que tenían asegurada su lealtad y que el valor y el arrojo de estos guerreros, les protegería aún en las circunstancias más adversas y desfavorables.

Las espadas íberas de doble filo y hoja recta de unos 60-90 cm, muy pesadas y contundentes, llamadas Téne, eran muy temidas por los romanos, por las terribles heridas que causaban. Esto se debía a que, mientras ellos estaban acostumbrados a armas de estoque, este tipo de espadas era de tajo y embestida con tajo, estrategia que producía unas heridas más grandes y escandalosas y mutilaciones más impresionantes.

Otra espada simple pero de gran calidad, que los íberos utilizaban para pinchar al enemigo, cuando avanzaban en formación y cuando el enemigo se descubría, que también se empleaba para asestar “tajos”, era la Gladius Hipaniensis, llamada así porque el Imperio romano la adoptó para sus legiones.

Esta espada no era muy grande, lo que le otorgaba una gran movilidad en las batallas, cuando el espacio era escaso. La hoja se podía utilizar por los dos lados y por la punta, al contrario que la falcata, que sólo se utilizaba un lado, para dar un golpe cortante, o de punta para atravesar al enemigo.

Su forma no era recta de la base a la punta, sino que se estrechaba ligeramente hacia el centro y de nuevo, antes de llegar al extremo, se estrechaba para conformar la punta. La empuñadura de esta arma formaba un disco en su parte central y después otro medio disco en el extremo, así se favorecía el agarre de la espada. Esta espada ha tenido muchas variantes, tanto por parte de Roma, como por parte de las tribus ibéricas con influencia celta, o las propias tribus celtas de la península, aisladas de las tribus celtas del resto de Europa, estos modelos se diferenciaban sobre todo por su empuñadura, que podría acabar en dos esferas, en una, etc.

También utilizaron una espada Falcata de la que tampoco se conoce su origen, pero posiblemente fue de origen griego. Su curvatura, su forja, su modelado fue cambiado, o quizás fuese ya así y que los griegos adoptaron de otra manera. Sea cual fuere su origen, esta espada infundía casi tanto terror como la “gladius hispaniensis”, se creaba dejando el hierro oxidar, hasta que sólo quedase su núcleo más puro, lo que ofrecía una dureza enorme a la espada. Después, se fundía y se le daba la curvatura, (no todas tenían la misma curvatura) y el tamaño del propio brazo del guerrero, es decir, cada “falcata” era un arma única, ya que variaba la longitud del brazo de su portador y por lo tanto la de su hoja.

La medida se tomaba desde el dedo corazón hasta el codo del brazo del guerrero. Esta espada, de igual modo que la “hispaniensis” llevaba acanaladuras en su hoja, para darle más ligereza. Su hoja se utilizaba para pinchar con la punta y para dar tajos por la parte inferior de la espada. Las empuñaduras de estas armas, solían tener forma de cabezas de animales, como caballos y aves.

Formaban un óvalo que rodeaba la mano y que se cerraba en su parte de los nudillos, para poder dar golpes con la empuñadura si era preciso, pero se hacía, sobre todo, para proteger la mano de los ataques con espada de los enemigos.

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