Espadas que simbolizan el coraje y la valentía de guerreros y famosos personajes de la historia universal que todos admiramos por sus hazañas

Espada de Hernán Cortés

Hernán Cortés Monroy Pizarro Altamirano, nació en Medellín, Corona de Castilla, en el año 1485 y murió en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, el 2 de diciembre de 1547; fue conquistador español del imperio azteca y I Marqués del Valle de Oaxaca, gobernador y capitán general de la Nueva España. Era primo segundo de Francisco Pizarro, quien posteriormente conquistó el imperio inca. Como otros hidalgos, su padre lo envió a los catorce años a estudiar leyes a Salamanca, estudios que abandonó dos años más tarde. En la primavera de 1504, zarpó hacia la isla de La Española, donde se instaló como plantador y funcionario colonial.

ESPADA DE HERNAN CORTES

En 1511 participó en la expedición de conquista de Cuba dirigida por el gobernador Diego de Velázquez, de quien recibió tierras y esclavos en la isla. Llegó a ser nombrado alcalde de Santiago de Cuba, aunque fue después encarcelado por el gobernador, acusado de conspirar en su contra. A finales de 1518 Velázquez le confió el mando de la tercera expedición, tras las de Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva, para continuar sus descubrimientos en la costa de Yucatán. Pero Velázquez pronto desconfió de él.

HERNAN CORTES

Antes de que le cesase Diego de Velázquez, la armada de Cortés partió precipitadamente del puerto de Santiago de Cuba el 18 de noviembre de 1518. Como iba escasa de bastimentos, tuvo que aprovisionarse de estos en el puerto de Trinidad y otros lugares. Finalmente, el 10 de febrero de 1519, la flota abandonó las costas de Cuba. Consistía aquella armada en 11 naves, con 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 indios y negros como auxiliares de tropa. Llevaban 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes.

Su espada era un tipo de espada ropera de lazo renacentista.

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Espada Obispo de Castilla, siglo XV

Alfonso (o Alonso) Carrillo de Acuña, nació en Carrascosa del Campo en 1410 y murió semipreso en su Palacio arzobispal de Alcalá de Henares el 1 de julio de 1482. Importante prelado de la España del siglo XV. Su educación se desarrolló bajo la influencia de su tío el cardenal Alfonso Carrillo. Cuando falleció éste, en 1434, recibió el cargo de protonotario apostólico del papa Eugenio IV, accediendo al Consejo Real de Juan II. Fue nombrado obispo de Sigüenza en 1436 y arzobispo de Toledo en 1446.

Escultura de Alonso Carrillo de Acuña

Su influencia en la vida política del reino de Castilla, en los reinados de Juan II, Enrique IV y con los Reyes Católicos fue enorme; su opinión fue muy variable, acomodándose a las circunstancias. Tras la ejecución del favorito Álvaro de Luna en 1453, Carrillo apoyó a su sobrino Juan Pacheco, marqués de Villena, el favorito del nuevo rey Enrique IV y desempeñó misiones diplomáticas, para él, ante Francia, llegando a tener un gran poder, superando a muchos nobles. Su codicia y ambición le llevaron a enfrentarse al rey, a partir del momento en que éste prefirió cambiar de favorito, alejando a Pacheco y uniéndose a Beltrán de la Cueva y sus aliados los Mendoza, acérrimos enemigos de Carrillo.

A partir de 1462, Carrillo fue el principal instigador de un bando de nobles castellanos que querían destronar al rey y sustituirle por su hermastro, el infante Alfonso, y participó muy activamente en la Farsa de Ávila. Comenzó así una larga y cruenta guerra civil en Castilla. Cuando en el verano de 1468 murió el infante, su hermana Isabel le sucedió como pretendiente al trono y tuvo como principal consejero al arzobispo Carrillo, quien junto con su consuegro Pierres de Peralta (Pedro de Peralta y Ezpeleta) desempeñaron un papel importantísimo en el ajuste de su matrimonio con Fernando de Aragón, en octubre de 1469.

Escudo de Alfonso Carrillo de Acuña

Pero cuando los Reyes Católicos se hicieron con el poder, al morir Enrique IV en diciembre de 1474, rápidamente chocaron sus intereses. Carrillo no aceptaba el tratamiento autoritario de éstos y, por otra parte, se produjo el ascenso a canciller del reino de Pedro González de Mendoza, viejo enemigo de Carrillo. Esta situación le llevó a un enfrentamiento con el Mendoza que perdería en la subsiguiente Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). Dando un giro absoluto a su política, Carrillo se integró en el bando liderado por el rey de Portugal que apoyaba los derechos al trono castellano de su sobrina la princesa Juana contra Isabel la Católica.

Espada Obispo de Castilla, siglo XV

La guerra fue larga y cruel, pero a principios de 1479 una ofensiva de los Reyes Católicos derrotó definitivamente a los portugueses y obligó a Carrillo a someterse y aceptar guarniciones reales en todas las fortalezas que controlaba, para poder continuar como arzobispo de Toledo.

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Espada de Diego García de Paredes

Diego García de Paredes, nació en Trujillo, España, el 30 de marzo de 1468 y murió en Bolonia, Italia, el 15 de febrero de 1533, llamado “El Sansón de Extremadura”, militar español que combatió como capitán de infantería en las guerras de Granada, Grecia, Italia, norte de África y Navarra. Duelista invicto en numerosos lances de honor, capitán de la guardia personal del Papa Alejandro VI, condotiero al servicio del Duque de Urbino y de los Colonna, coronel de infantería de los Reyes Católicos bajo el mando del Gran Capitán, cruzado del cardenal Cisneros, Maestre de Campo del Emperador Maximiliano I, coronel de la Liga Santa y Caballero de la Espuela Dorada al servicio de Carlos V. Fue el soldado español más famoso de la época, admirado por sus contemporáneos como prototipo del valor, la fuerza y la gloria militar. Su poderosa arma era una espada montante.

Las noticias fiables sobre la vida de García de Paredes comienzan en 1496, tras el fallecimiento en Trujillo de su madre, doña Juana de Torres. Libre de lazos familiares (Sancho de Paredes, el padre, había fallecido en 1481), su espíritu aventurero le llevó a la Italia del Renacimiento. Diego desembarcó en Nápoles a finales de ese mismo año, acompañado por su hermano bastardo, Álvaro de Paredes; sin embargo, la guerra por el reino napolitano entre españoles y franceses había cesado recientemente, y, ante la falta de jornal, viajaron a Roma para servir al Papa; durante un breve periodo, por escasez de sueldo, se ganaron la vida junto a otros españoles buscando “ventura de enemigos”, duelos y confrontaciones nocturnas en las calles y suburbios de Roma, tras las cuales despojaban a los oponentes de sus capas, la prenda de vestir más valiosa, que luego vendían en el mercado clandestino de Nápoles. No queriendo llevar esta vida deshonrosa para un hidalgo, Diego decidió darse a conocer a un pariente suyo en el Vaticano, el cardenal Bernardino de Carvajal, quien mejoró notablemente su situación social.

DIEGO GARCÍA DE PAREDES

El Papa Alejandro VI no necesitó demasiadas recomendaciones: deslumbrado tras observar durante una disputa en el Vaticano cómo aquel hercúleo español, armado solamente con una pesada barra de hierro, había destrozado a una comitiva de arrogantes italianos “matando cinco, hiriendo a diez, y dejando a los demás bien maltratados y fuera de combate”, nombró al extremeño guardaespaldas en su escolta, pasando Diego a dirigir la guardia vaticana, predecesora de la célebre Guardia Suiza, y capitaneando los ejércitos de César Borgia en sus campañas de la Romaña italiana.

Esapada de Diego Garcia de Paredes

Como capitán de los Borgia, intervino junto a las tropas españolas al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba en la captura del corsario vizcaíno Menaldo Guerra, que se había apoderado del puerto de Ostia bajo bandera francesa, se encargó de tomar Montefiascone (donde demostró sus fuerzas descomunales al arrancar de cuajo las argollas de hierro del portón de la fortaleza para dar entrada al ejército pontificio) y participó en la campaña contra los Barones de la Romaña: conquistas de Imola, diciembre de 1499, y Forlí, enero de 1500, defendida heroicamente por Catalina Sforza. En estas acciones coincidió con otros capitanes españoles al servicio de los Borgia, como Ramiro de Lorca, Hugo de Moncada o Miquel Corella (Micheletto).

Por estas fechas, se vio involucrado en uno de sus famosos lances de honor: el desafío se produjo con un capitán italiano de los Borgia llamado Césare el Romano; el duelo se celebró en Roma y acabó con la victoria de Diego, que cortó la cabeza a su enemigo «no queriendo entenderle que se rendía». Sin embargo, el muerto debía ser personaje de importancia y el suceso produjo gran revuelo en el Vaticano, trayendo como consecuencia el cese de García de Paredes en el mando de su Compañía y su posterior encarcelamiento. Diego logró fugarse del ejército Papal y pasó a servir como mercenario del Duque de Urbino, enemigo de los Borgia, ayudándole a conservar sus posesiones. Después de la guerra de la Romaña, como de momento no podía volver con el Pontífice ni había tropas españolas a las que incorporarse, durante un tiempo pasó a servir como condotiero a sueldo de la poderosa familia italiana de los Colonna, bajo las órdenes de Prospero Colonna.

Espada de García Paredes

Fue en las murallas de Cefalonia, donde comenzó realmente la leyenda de Diego García de Paredes: La pujanza de un hombre de fuerzas increíbles resistiendo tres días contra una guarnición de soldados turcos sólo pudo encontrar semejanza en los relatos de las hazañas de Hércules y Sansón; con ellas lo ligó el comentario de la tropa, siendo conocido a partir de ese momento entre los soldados españoles como “El Sansón de Extremadura”, el gigante de fuerzas bíblicas, y por aliados y enemigos como “El Hércules y Sansón de España”.

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