Espadas que simbolizan el coraje y la valentía de guerreros y famosos personajes de la historia universal que todos admiramos por sus hazañas

Espada Jineta Rey Boabdil de Granada

Biografía. Conocido por los castellanos como Boabdil, Abu Abd Allah nació en Granada en el seno de la dinastía nazarí en 1459. Su reinado duró relativamente poco, desde 1482 hasta 1492 y su destino no fue lo que se dice “digno de un rey”, sino más bien trágico. Desde pequeño, el adivino de la corte le anunció un camino cargado de penas y desgracias.

Ascendió al trono tras una revuelta de la población granadina de Albaicín y, en 1493, sufrió su derrota y fue capturado en su intento de recuperar Lucena. Tras varias entrevistas entre Boabdil y los monarcas católicos en Córdoba, se decide que el rey quedaría libre con la condición de servir a Castilla  y a los reyes de España y pagar un tributo de 12000 doblas de oro al año, además de hacerle la guerra a su padre, Muley Hacen, sultán de Granada.

El Rey Boabdil dejando atrás su querida Granada

La espada de Boabdil. Es una espada jineta, de una mano, de origen nazarí. Su hoja es recta, de doble filo y con canal desde la guarda hasta la mitad. Este tipo de espadas provienen de Al-Ándalus, territorio de la Península Ibérica, durante la opresión musulmana e inicialmente se usaban por los zenatas (grupo de pueblos bereberes), pero alcanzó la fama en manos de los más reputados nobles y guerreros de la Reconquista.

Su guarda de forma redondeada caía a lo largo de la hoja dejando muy poco espacio entre sí. Pero lo más interesante y llamativo es el formidable trabajo realizado y la calidad de los materiales usados para la empuñadura, ricamente decorada con metales preciosos y marfil.

Por lo tanto, llevar una espada con estas características era símbolo de opulencia. Es una espada muy valorada por su calidad y belleza y se considera que hay menos de doce jinetas de gala en todo el mundo. En las paradas militares, la espada se convertía en protagonista, capricho y alarde, tanto para mostrar el rango del que la llevaba, como su aprecio por el arte andalusí.

 
También tenemos la preciosa daga de Boabdil, de 43 cms. Una daga de alta calidad de la Exclusiva Colección ‘Dagas Históricas’ de MARTO. Certificado de Calidad y Origen. Hecho en Toledo. Detalles de los grabados de la empuñadura con contrastes. Puño acabado en plata. Hoja de Acero Inox. templada.

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  • Espada Jineta Boabdil, Cadete - 74,70 €

    Espada de Boabdil, tipo Jineta, en tamaño cadete, 75 cms, con acabados plateados. Hoja acanalada, en acero inoxidable. Fabricada en Toledo-España por la fábrica MARTO.

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Espadas Cristobal Colón

La Espada de Cristóbal Colón aparece en numerosos cuadros en el descubrimiento de América y por ello es una de las más populares y conocidas. Cristóbal Colón empezó como artesano y comerciante modesto que tomó contacto con el mar a través de la navegación de cabotaje con fines mercantiles. En 1476 naufragó la flota genovesa en la que viajaba, al ser atacada por corsarios franceses cerca del cabo de San Vicente (Portugal); desde entonces Colón se estableció en Lisboa como agente comercial de la casa Centurione, para la que realizó viajes a Madeira, Guinea, Inglaterra e incluso Islandia (1477).

Luego se dedicó a hacer mapas y a adquirir una formación autodidacta: aprendió las lenguas clásicas que le permitieron leer los tratados geográficos antiguos (tomando conocimiento de la idea de la esfericidad de la Tierra, defendida por Aristóteles); y empezó a tomar contacto con los grandes geógrafos de la época (como el florentino Toscanelli).

De unos y otros le vino a Cristóbal Colón la idea de que la Tierra era esférica y de que la costa Oriental de Asia podía alcanzarse fácilmente navegando hacia el Oeste (ya que una serie de cálculos erróneos le habían hecho subestimar el perímetro del Globo y suponer, por tanto, que Japón se encontraba a 2.400 millas marinas de Canarias, aproximadamente la situación de las Antillas). Marineros portugueses versados en la navegación atlántica le informaron seguramente de la existencia de islas que permitían hacer escala en la navegación transoceánica; e incluso es posible que, como aseguran teorías menos contrastadas, tuviera noticia de la existencia de tierras por explorar al otro lado del Océano, procedentes de marinos portugueses o nórdicos (o de los papeles de su propio suegro, colonizador de Madeira).

Con todo ello, Colón concibió su proyecto de abrir una ruta naval hacia Asia por el oeste, basado en la acertada hipótesis de que la Tierra era redonda y en el doble error de suponerla más pequeña de lo que es e ignorar la existencia del continente americano, que se interponía en la ruta proyectada. El interés económico del proyecto era indudable en aquella época, ya que el comercio europeo con Extremo Oriente era extremadamente lucrativo, basado en la importación de especias y productos de lujo; dicho comercio se realizaba por tierra a través de Oriente Medio, controlado por los árabes; los portugueses llevaban años intentando abrir una ruta marítima a la India bordeando la costa africana (empresa que culminaría Vasco da Gama en 1498).

Colón ofreció su proyecto al rey Juan II de Portugal, quien lo rechazó asesorado por un comité de expertos. Probó suerte entonces en España con el duque de Medina Sidonia y con los Reyes Católicos, que lo rechazaron igualmente, por considerarlo inviable y por las desmedidas pretensiones de Colón.

Finalmente, la reina Isabel aprobó el proyecto de Colón por mediación del tesorero del rey, Luis de Santángel, a raíz de la toma de Granada, que ponía fin a la reconquista cristiana de la Península frente al Islam (1492). La reina otorgó las Capitulaciones de Santa Fe, por las que concedía a Colón una serie de privilegios como contrapartida a su arriesgada empresa; y financió una flotilla de tres carabelas -la Pinta, la Niña y la Santa María-, con las que Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492.

Navegó hasta Canarias y luego hacia el Oeste, alcanzando la isla de Guanahaní (San Salvador, en las Bahamas) el 12 de octubre; en aquel viaje descubrió también Cuba y La Española (Santo Domingo) e incluso construyó allí un primer establecimiento español con los restos del naufragio de la Santa María (el fuerte Navidad). Persuadido de que había alcanzado las costas asiáticas, regresó a España con las dos naves restantes en 1493.

Colón realizó tres viajes más para continuar la exploración de aquellas tierras: en el segundo (1493-96) tocó Cuba, Jamaica y Puerto Rico y fundó la ciudad de La Isabela; pero hubo de regresar a España para hacer frente a las acusaciones surgidas del descontento por su forma de gobernar La Española. En el tercer viaje (1498-1500) descubrió Trinidad y tocó tierra firme en la desembocadura del Orinoco; pero la sublevación de los colonos de La Española forzó su destitución como gobernador y su envío prisionero a España.

Tras ser juzgado y rehabilitado, se le renovaron todos los privilegios -excepto el poder virreinal- y emprendió un cuarto viaje (1502) con prohibición de acercarse a La Española; recorrió la costa centroamericana de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Regresó a España aquel mismo año y pasó el resto de su vida intentando conseguir mercedes reales para sí mismo y para sus descendientes, pues el rey Fernando intentaba recortar los privilegios concedidos ante las proporciones que iba tomando el descubrimiento y la inconveniencia de dejar a un advenedizo como único señor de las Indias.

Colón había descubierto América fortuitamente como consecuencia de su intuición y fuerza de voluntad. Aunque fracasó en su idea original de abrir una nueva ruta comercial entre Europa y Asia, abrió algo más importante: un «Nuevo Mundo» que, en los años siguientes, sería explorado por navegantes, misioneros y soldados de España y Portugal, incorporando un vasto imperio a la civilización occidental y modificando profundamente las condiciones políticas y económicas del Viejo Continente. Aunque los vikingos habían llegado a América del Norte unos quinientos años antes (expedición de Leif Ericson), no habían dejado establecimientos permanentes ni habían hecho circular la noticia del descubrimiento, quedando éste, por tanto, sin consecuencias hasta tiempos de Colón.

CRONOLOGÍA DE CRISTOBAL COLÓN

  • 1451 Fecha probable del nacimiento de CRISTÓBAL COLÓN en Génova
  • 1476 El barco en el que viaja de marinero naufraga frente a las costas de Portugal y Colón es llevado a Lisboa.
  • 1478 Se casa con Felipa Moniz de Perestrello. Se introduce en la corte portuguesa.
  • 1484 Ofrece su proyecto descubridor al rey de Portugal, Juan II.
  • 1485 Se traslada a España. Llega hasta el monasterio de La Rábida. Fallece su esposa.
  • 1486 Primera entrevista con los Reyes Católicos.
  • 1492 Capitulaciones de Santa Fe. Primer viaje y descubrimiento de América.
  • 1493 Regreso a la Península. Entrevista en Barcelona con lo reyes. Inicia el segundo viaje.
  • 1494 Exploración de Cuba y La Española.
  • 1496 Regreso del segundo viaje.
  • 1499 Nombramiento de Francisco de Bobadilla para sustituirle en el gobierno de las Indias.
  • 1502 Inicio del cuarto viaje. Descubrimiento del itsmo centroamericano.
  • 1504 Regreso definitivo a España. Intento de que los reyes le restituya en sus cargos.
  • 1506 Redacta su testamento y muere el 20 de mayo.

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Tipos de Espadas de Combate

Existen muchos tipos de espadas de combate. Las más comunes suelen ser las llamadas de entrenamiento y funcionales, que vienen en diferentes estilos como las katanas, los sables, las espadas rapieras, las espadas vikingas, las espadas cimitarras, las espadas templarias, las espadas mandobles, etc. Incluso también se encuentran las falcatas funcionales.

La versión de una espada funcional o de combate dista mucho de la versión de una espada decorativa, la cual no sirve para la lucha ni para el entrenamiento, mientras que las espadas de combate viene en diferentes categorías o niveles, dependiendo del uso que se le vaya a dar, y de su nivel de resistencia.

Las espadas funcionales, de lucha o para el combate cuerpo a cuerpo, aunque tengan diferentes niveles de resistencia, no quiere decir que no sean desgastables. Siempre son susceptibles de un desgaste real, que mermará con el tiempo sus capacidades originales.

Hasta el mejor acero al carbono sufre un desgaste paulatino por lo que la vida de la espada es limitada en el tiempo, el uso y el mantenimiento que hagamos de la misma. Es algo natural, que una hoja acabe mellada al cabo de los años y no tiene que preocuparnos.

Sencillamente tendremos que asumir que con el uso llegará un momento que tendremos que sustituirla por otra pero siempre con la seguridad que sabremos que hemos usado una espada de calidad hasta el final de sus días cumpliendo su cometido real.

Muchos de los afortunados poseedores de estas magníficas piezas de espadas funcionales o de combate, creen que el uso y el desgaste las hace más valiosas y merecedoras de ser mostradas y no escondidas.

Otra es la preciosa Espada Vikinga en Acero de Damasco:

Las espadas funcionales no tienen serigrafía o decorados a lo largo de la hoja. La sobriedad de sus elementos es una nota característica de las espadas de combate.

Otra espada funcional muy imponente por su tamaño y por su historia es la Espada Montante Renacentista:

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