Espada Obispo de Castilla, siglo XV

Alfonso (o Alonso) Carrillo de Acuña, nació en Carrascosa del Campo en 1410 y murió semipreso en su Palacio arzobispal de Alcalá de Henares el 1 de julio de 1482. Importante prelado de la España del siglo XV. Su educación se desarrolló bajo la influencia de su tío el cardenal Alfonso Carrillo. Cuando falleció éste, en 1434, recibió el cargo de protonotario apostólico del papa Eugenio IV, accediendo al Consejo Real de Juan II. Fue nombrado obispo de Sigüenza en 1436 y arzobispo de Toledo en 1446.

Escultura de Alonso Carrillo de Acuña

Su influencia en la vida política del reino de Castilla, en los reinados de Juan II, Enrique IV y con los Reyes Católicos fue enorme; su opinión fue muy variable, acomodándose a las circunstancias. Tras la ejecución del favorito Álvaro de Luna en 1453, Carrillo apoyó a su sobrino Juan Pacheco, marqués de Villena, el favorito del nuevo rey Enrique IV y desempeñó misiones diplomáticas, para él, ante Francia, llegando a tener un gran poder, superando a muchos nobles. Su codicia y ambición le llevaron a enfrentarse al rey, a partir del momento en que éste prefirió cambiar de favorito, alejando a Pacheco y uniéndose a Beltrán de la Cueva y sus aliados los Mendoza, acérrimos enemigos de Carrillo.

A partir de 1462, Carrillo fue el principal instigador de un bando de nobles castellanos que querían destronar al rey y sustituirle por su hermastro, el infante Alfonso, y participó muy activamente en la Farsa de Ávila. Comenzó así una larga y cruenta guerra civil en Castilla. Cuando en el verano de 1468 murió el infante, su hermana Isabel le sucedió como pretendiente al trono y tuvo como principal consejero al arzobispo Carrillo, quien junto con su consuegro Pierres de Peralta (Pedro de Peralta y Ezpeleta) desempeñaron un papel importantísimo en el ajuste de su matrimonio con Fernando de Aragón, en octubre de 1469.

Escudo de Alfonso Carrillo de Acuña

Pero cuando los Reyes Católicos se hicieron con el poder, al morir Enrique IV en diciembre de 1474, rápidamente chocaron sus intereses. Carrillo no aceptaba el tratamiento autoritario de éstos y, por otra parte, se produjo el ascenso a canciller del reino de Pedro González de Mendoza, viejo enemigo de Carrillo. Esta situación le llevó a un enfrentamiento con el Mendoza que perdería en la subsiguiente Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). Dando un giro absoluto a su política, Carrillo se integró en el bando liderado por el rey de Portugal que apoyaba los derechos al trono castellano de su sobrina la princesa Juana contra Isabel la Católica.

Espada Obispo de Castilla, siglo XV

La guerra fue larga y cruel, pero a principios de 1479 una ofensiva de los Reyes Católicos derrotó definitivamente a los portugueses y obligó a Carrillo a someterse y aceptar guarniciones reales en todas las fortalezas que controlaba, para poder continuar como arzobispo de Toledo.

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Quiero una espada Toledana

La ciudad española de Toledo con su rio Tajo lleva dedicándose a la forja desde hace siglos; de hecho se cuenta que las tropas cartaginesas al mando de Aníbal llevaban entre sus armas las famosas falcatas hispánicas, muchas de ellas fabricadas por herreros celtíberos afincados en lo que sería Toledo.

El acero toledano en la época del imperio español, en cuyos dominios “nunca se ponía el sol” reinando el emperador Carlos V, ya se alababa por la calidad de las armas toledanas en el mundo conocido. Toledo se convertía en uno de los grandes centros espaderos de Europa junto a la italiana Milán y la alemana Solingen.

La forja en esa época pertenecía a los gremios y los maestros no revelaban sus secretos, solo a sus sucesores en el oficio; los artesanos se fiaban de su experimentado ojo para detectar diferentes tonalidades del acero candente y se servían de coplillas, oraciones y canciones para calcular los tiempos de enfriado de las hojas.

Si durante los siglos XV, XVI y XVII las armerías toledanas fueron famosas y sus productos de lo más demandados, durante el siglo XVIII se produjo el declive: las armas de fuego se hacían con el protagonismo en el campo de batalla, haciendo que espadas, dagas y picas se hicieran inútiles.

La artesanía toledana corría el riesgo de desaparecer, pero el ilustrado monarca Carlos III -decidido a que la tradición del acero no se perdiera- mandó la construcción de la Fábrica de Armas de Toledo, cuya misión fue preservar el legado de los forjadores.

Actualmente existen fábricas muy representativas y famosas que fabrican sus espadas y sables en Toledo, con marcas con sello de calidad y originalidad de Toledo, como son Marto, José Luis Rubio, entre otras.

En espadas Toledanas encontrarás espadas tan representativas como la de los Reyes Católicos, Don Quijote, Cristobal Colon, etc. muchas de ellas de edición limitada:

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Daga de Boabdil Rey del Sultanato de Granada

Boabdil nacido en la Alhambra, Granada, (1459-1533), era hijo de Muley Hacén y la sultana Aixa, apodado El Chico y El Desdichado para diferenciarlo de su tío, también llamado Boabdil El Valiente quien se ganó el sobrenombre en la batalla de la Axarquía, donde infringió una importante derrota a los cristianos. Boabdil El Chico luchó contra su padre y contra su tío para hacerse con el trono de Granada con el propósito de entregarlo posteriormente a Isabel y Fernando, según había pactado con los Reyes Católicos al ser capturado en la batalla de Lucena (1483).

Aixa, también conocida como Fátima por los musulmanes, esposa de Muley Hacen y madre de Boabdil, fue relegada en la corte a un segundo plano por la esclava cristiana Isabel de Solís, favorita del sultán, que convertida al Islam, pasó a llamarse Zoraya o Zoraida. Desde ese mismo momento la sultana combatió con todas las fuerzas y medios a su alcance para destronar a su esposo y hacer rey a su hijo con la esperanza de que éste le devolviera su lugar en la corte.

Protegió a ultranza a Boabdil contra sus enemigos, ya que en distintas ocasiones corrió el peligro de ser asesinado por su propio padre, que mandó ejecutar a varios de sus hermanos para facilitar el acceso al trono a los hijos tenidos con Isabel de Solís. Los atentados que sufrió y sus repetidas encarcelaciones han servido como argumento para disculpar las reiteradas traiciones que hizo a los suyos.

Abrecartas Espada Boabdil

Por otra parte, a Aixa se la ha hecho responsable de las felonías que podrían atribuírsele a su vástago, quedando éste exento de acciones calificadas de execrables por sus súbditos, siendo estas contrarias a los intereses de su pueblo.

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ABRECARTAS DE BOABDIL