Espada de Sancho Dávila y Daza

Sancho Dávila y Daza, nació en Ávila el 21 de septiembre de 1523 y murió en Lisboa en 1583, fue un militar español destacado. En su juventud viajó a Roma para estudiar la carrera eclesiástica, que pronto abandonó para dedicarse a la vida militar. Comenzó su carrera militar en 1545, luchando con las tropas del emperador Carlos V contra los protestantes alemanes de la Liga de Esmalcalda en Alemania. Luchó también contra los turcos de Dragut en el norte de África, y posteriormente en Italia, junto al duque de Alba, contra el papa Pablo IV y los Duques de Guisa durante la última fase de las guerras italianas.

 En el año 1560, ya bajo el reinado de Felipe II, participó en la defensa de la isla de los Gelves, donde fue hecho prisionero por los turcos y liberado en 1561. El 15 de julio de ese mismo año fue nombrado capitán de infantería, aunque por demoras burocráticas su cargo no fue reconocido oficialmente hasta febrero de 1563. En 1562 se le nombró castellano de Pavía, en Italia.

Durante la guerra de Flandes sirvió como maestre de campo de los tercios españoles, primero bajo el mando del III duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, en cuyas funciones prendió al Conde de Egmont, y posteriormente de Luis de Requesens. En 1569 fue nombrado gobernador de la ciudadela de Amberes.6 En enero de 1570, por sus servicios en Flandes y mediante la intermediación del duque de Alba, Felipe II le concedió el hábito de la Orden de Santiago.

 SANCHO DÁVILA

En el transcurso de esta guerra participó entre otras en las batallas de Dalen (1568), Goes (1572), Flesinga (1573), Borsele, Reimerswaal (1574), Mook (1574) y el desafortunado Saqueo de Amberes (1576). El 3 de octubre de 1576 las tropas holandesas entraron en la ciudad de Amberes, cuyos gobernadores les habían abierto las puertas, y tomaron posiciones para asaltar el castillo defendido por tropas españolas al mando de Sancho Dávila. A pesar de que las tropas rebeldes eran mucho más numerosas, la guarnición del castillo y los españoles que vinieron a socorrerles el día 4 del mismo mes, se lanzaron al ataque por las calles de la ciudad haciendo huir a los holandeses. Algunos de ellos se refugiaron en el ayuntamiento de Amberes, que los soldados españoles incendiaron, propagándose las llamas por la ciudad. Acto seguido procedieron a saquear la ciudad durante tres días contándose los muertos por millares. Este trágico suceso es conocido como Furia Española en los países protestantes.

General de las tropas de Felipe II de España durante la campaña de la anexión de Portugal, como maestre de campo del duque de Alba Fernando Álvarez de Toledo, participó en 1580 en la batalla de Alcántara donde fue vencido Antonio, prior de Crato; el 24 de octubre de ese mismo año conquistó Oporto. Murió durante la campaña de Portugal en mayo de 1583 como consecuencia de una herida recibida por la coz de un caballo. Sus restos, originalmente dispuestos en el convento de San Francisco de Lisboa, fueron posteriormente trasladados a la capilla mayor de la iglesia de San Juan Bautista de la ciudad de Ávila.

Uno de sus descendientes, Gerónimo Manuel Dávila, publicó en Valladolid en 1713 El rayo de la guerra, hechos de Sancho de Ávila, y sucesos de aquellos tiempos.

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Espada Obispo de Castilla, siglo XV

Alfonso (o Alonso) Carrillo de Acuña, nació en Carrascosa del Campo en 1410 y murió semipreso en su Palacio arzobispal de Alcalá de Henares el 1 de julio de 1482. Importante prelado de la España del siglo XV. Su educación se desarrolló bajo la influencia de su tío el cardenal Alfonso Carrillo. Cuando falleció éste, en 1434, recibió el cargo de protonotario apostólico del papa Eugenio IV, accediendo al Consejo Real de Juan II. Fue nombrado obispo de Sigüenza en 1436 y arzobispo de Toledo en 1446.

Escultura de Alonso Carrillo de Acuña

Su influencia en la vida política del reino de Castilla, en los reinados de Juan II, Enrique IV y con los Reyes Católicos fue enorme; su opinión fue muy variable, acomodándose a las circunstancias. Tras la ejecución del favorito Álvaro de Luna en 1453, Carrillo apoyó a su sobrino Juan Pacheco, marqués de Villena, el favorito del nuevo rey Enrique IV y desempeñó misiones diplomáticas, para él, ante Francia, llegando a tener un gran poder, superando a muchos nobles. Su codicia y ambición le llevaron a enfrentarse al rey, a partir del momento en que éste prefirió cambiar de favorito, alejando a Pacheco y uniéndose a Beltrán de la Cueva y sus aliados los Mendoza, acérrimos enemigos de Carrillo.

A partir de 1462, Carrillo fue el principal instigador de un bando de nobles castellanos que querían destronar al rey y sustituirle por su hermastro, el infante Alfonso, y participó muy activamente en la Farsa de Ávila. Comenzó así una larga y cruenta guerra civil en Castilla. Cuando en el verano de 1468 murió el infante, su hermana Isabel le sucedió como pretendiente al trono y tuvo como principal consejero al arzobispo Carrillo, quien junto con su consuegro Pierres de Peralta (Pedro de Peralta y Ezpeleta) desempeñaron un papel importantísimo en el ajuste de su matrimonio con Fernando de Aragón, en octubre de 1469.

Escudo de Alfonso Carrillo de Acuña

Pero cuando los Reyes Católicos se hicieron con el poder, al morir Enrique IV en diciembre de 1474, rápidamente chocaron sus intereses. Carrillo no aceptaba el tratamiento autoritario de éstos y, por otra parte, se produjo el ascenso a canciller del reino de Pedro González de Mendoza, viejo enemigo de Carrillo. Esta situación le llevó a un enfrentamiento con el Mendoza que perdería en la subsiguiente Guerra de Sucesión Castellana (1475-1479). Dando un giro absoluto a su política, Carrillo se integró en el bando liderado por el rey de Portugal que apoyaba los derechos al trono castellano de su sobrina la princesa Juana contra Isabel la Católica.

Espada Obispo de Castilla, siglo XV

La guerra fue larga y cruel, pero a principios de 1479 una ofensiva de los Reyes Católicos derrotó definitivamente a los portugueses y obligó a Carrillo a someterse y aceptar guarniciones reales en todas las fortalezas que controlaba, para poder continuar como arzobispo de Toledo.

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Espadas del Gran Duque de Alba

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel nació en Piedrahita el 29 de octubre de 1507 y falleció en Lisboa en 11 de diciembre de 1582. El llamado Gran Duque de Alba fue un noble militar y diplomático español, III duque de Alba de Huéscar, Marqués de Coria, conde de Salvatierra y de Piedrahita entre otros muchos títulos.

Espada del Gran Duque de Alba

Intervino desde muy joven en hechos de armas. En 1531, ya duque, sirvió en diversas campañas del emperador Carlos I, y sobresalió en la guerra contra la Kuga de Esmalcalda, a la que venció en la Batalla de Mühlberg (1547) al mando de las tropas carolinas. Con Felipe II, la influencia de Alba llegó a su cenit, como jefe de uno de los partidos de la corte. Felipe II le manifestó una especial confianza ya que Alba y su esposa habían sido padrinos de la boda del Rey con María Tudor. Nombrado virrey de Nápoles (1556-1558), consiguió expulsar de Italia a los franceses.

Espada del gran Duque de Alba

El momento culminante de su carrera fue su etapa de Flandes (1567-1573). En 1567 fue enviado a los Países Bajos para sofocar la revuelta. Allí instituyó el Tribunal de los Tumultos, o de la Sangre, encargado de juzgar, condenar y confiscar los bienes de los rebeldes. También potenció el papel de la Inquisición y puso en vigor leyes contra la herejía.

Ordenó la ejecución de los condes de Egmont y de Horn, acusados de complicidad en los alzamientos. Para poder mantener el ejército, impuso nuevos y gravosos impuestos, sin respetar las libertades tradicionales flamencas. Como consecuencia de esta dura política, no sólo fracasó en sofocar la revuelta, sino que la avivó. Finalmente, Felipe II le destituyó en 1573.

El gran Duque de Alba

Después de todo esto fue nombrado consejero de Estado. El matrimonio de su hijo Fadrique contra los deseos del rey le hizo caer en desgracia y se retiró de la vida pública. Pero se le llamó de nuevo para doblegar la oposición portuguesa contra Felipe II, quien reclamaba sus derechos dinásticos al trono de Portugal al ser nieto de don Manuel I (1580). Tras derrotar al ejército de Diego de Meneses y conseguir la rendición de la flota lusa, el de Alba entró en Lisboa. Como recompensa por su eficacia, el anciano duque fue nombrado condestable de Portugal y recibió el Toisón de Oro. Murió en Lisboa el 11 de diciembre de 1582.

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