Espada de Julio César

La espada de Julio César, de la época romana del siglo I a.C., es una de las más famosas de la historia. Julio César nació en Roma, el 13 de julio de 100 a. C. y murió en la misma ciudad el 15 de marzo de 44 a. C. Líder político y militar, bien relacionados con cónsules influyentes como Pompeyo y Craso, quienes lo iniciaron en su carrera política. En 70 a. C. César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania y como edil curul en Roma. Durante el desempeño de esa magistratura ofreció unos espectáculos que fueron recordados durante mucho tiempo por el pueblo.

 ESPADA DE JULIO CESAR

En 63 a. C. fue elegido praetor urbanus al obtener más votos que el resto de candidatos a la pretura. Al término de su pretura sirvió como propretor en Hispania, donde lideró una breve campaña contra los lusitanos. En 59 a. C. fue elegido cónsul gracias al apoyo de sus dos aliados políticos, Pompeyo y Craso, los hombres con los que César formó el llamado Primer Triunvirato, logrando sacar adelante leyes como la agraria que regulaba el reparto de tierras entre los soldados veteranos.

ESPADA JULIO CESAR

Tras su consulado fue designado procónsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina. Su gobierno estuvo caracterizado por una política muy agresiva en la que sometió a la práctica totalidad de pueblos celtas en varias campañas. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Galias, finalizó cuando el general republicano venció en la Batalla de Alesia a los últimos focos de oposición, liderados por un jefe arverno llamado Vercingétorix. Sus conquistas extendieron el dominio romano sobre los territorios que hoy integran Francia, Bélgica, Holanda y parte de Alemania. Fue el primer general romano en penetrar en los inexplorados territorios de Britania y Germania.

 ESPADA JULIO CESAR

Mientras César terminaba de organizar la estructura administrativa de la nueva provincia que había anexionado a la República, sus enemigos políticos trataban en Roma de despojarle de su ejército y cargo utilizando el Senado, en el que eran mayoría. César, a sabiendas de que si entraba en la capital sería juzgado y exiliado, intentó presentarse al consulado in absentia, a lo que la mayoría de los senadores se negaron. Este y otros factores le impulsaron a desafiar las órdenes senatoriales y protagonizar el famoso cruce del Rubicón, donde al parecer pronunció la inmortal frase “Alea iacta est” (la suerte está echada) iniciando así un conflicto conocido como la Segunda Guerra Civil de la República de Roma, en el que se enfrentó a los optimates, que estaban liderados por su viejo aliado, Pompeyo. Su victoria, basada en las derrotas que infligió a los conservadores en Farsalia, Tapso y Munda, le hizo el amo de la República. El hecho de que estuviera en guerra con la mitad del mundo romano no evitó que se enfrentara a Farnaces II en Zela y a los enemigos de Cleopatra VII en Alejandría. A su regreso a Roma se hizo nombrar cónsul y dictador vitalicio e inició una serie de reformas económicas, urbanísticas y administrativas.

 ESPADA ROMANA JULIO CESAR

A pesar de que bajo su gobierno la República experimentó un breve periodo de gran prosperidad, algunos senadores vieron a César como un tirano que ambicionaba restaurar la monarquía. Con el objeto de eliminar la amenaza que suponía el dictador, un grupo de senadores formado por algunos de sus hombres de confianza como Bruto y Casio y antiguos lugartenientes como Trebonio y Décimo Bruto, urdieron una conspiración con el fin de eliminarlo. Dicho complot culminó cuando, en las idus de marzo, los conspiradores asesinaron a César en el Senado.

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Espadas del Gran Duque de Alba

Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel nació en Piedrahita el 29 de octubre de 1507 y falleció en Lisboa en 11 de diciembre de 1582. El llamado Gran Duque de Alba fue un noble militar y diplomático español, III duque de Alba de Huéscar, Marqués de Coria, conde de Salvatierra y de Piedrahita entre otros muchos títulos.

Espada del Gran Duque de Alba

Intervino desde muy joven en hechos de armas. En 1531, ya duque, sirvió en diversas campañas del emperador Carlos I, y sobresalió en la guerra contra la Kuga de Esmalcalda, a la que venció en la Batalla de Mühlberg (1547) al mando de las tropas carolinas. Con Felipe II, la influencia de Alba llegó a su cenit, como jefe de uno de los partidos de la corte. Felipe II le manifestó una especial confianza ya que Alba y su esposa habían sido padrinos de la boda del Rey con María Tudor. Nombrado virrey de Nápoles (1556-1558), consiguió expulsar de Italia a los franceses.

Espada del gran Duque de Alba

El momento culminante de su carrera fue su etapa de Flandes (1567-1573). En 1567 fue enviado a los Países Bajos para sofocar la revuelta. Allí instituyó el Tribunal de los Tumultos, o de la Sangre, encargado de juzgar, condenar y confiscar los bienes de los rebeldes. También potenció el papel de la Inquisición y puso en vigor leyes contra la herejía. Ordenó la ejecución de los condes de Egmont y de Horn, acusados de complicidad en los alzamientos. Para poder mantener el ejército, impuso nuevos y gravosos impuestos, sin respetar las libertades tradicionales flamencas. Como consecuencia de esta dura política, no sólo fracasó en sofocar la revuelta, sino que la avivó. Finalmente, Felipe II le destituyó en 1573.

El gran Duque de Alba

Después de todo esto fue nombrado consejero de Estado. El matrimonio de su hijo Fadrique contra los deseos del rey le hizo caer en desgracia y se retiró de la vida pública. Pero se le llamó de nuevo para doblegar la oposición portuguesa contra Felipe II, quien reclamaba sus derechos dinásticos al trono de Portugal al ser nieto de don Manuel I (1580). Tras derrotar al ejército de Diego de Meneses y conseguir la rendición de la flota lusa, el de Alba entró en Lisboa. Como recompensa por su eficacia, el anciano duque fue nombrado condestable de Portugal y recibió el Toisón de Oro. Murió en Lisboa el 11 de diciembre de 1582.

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